Esas captura –realizadas en el fondo de las cavernas, en el barro cocido y la cerámica, en la piedra y el lienzo,la fotografía y el vídeo...–, que llevamos a cabo en nombre de la memoria, coleccionándolas en el museo de nuestra electroquímia, obedecen a aquellas, las ansias depredadoras. Capturas de las bellezas e intentos imposibles de no guardar a la vez el horror en la que fueron envueltas (convirtiéndolo en gloria y profesionalidad), el horror de la depredación, precisamente, ¡y el horror a la desaparición propia con la colección completa...!; pero un acto más del hambre con la que fuimos dejados a merced de la corriente, la corriente que lloraba desde el desprendimiento inicial. El hambre que nos signa, de la que salimos y a la que volvemos, de la que queremos huir. Donde la representación emerge imperativa. Del fondo de las tripas vacías, del fondo del cerebro insatisfecho.
martes, 28 de febrero de 2017
Del hambre y del tiempo
Esas captura –realizadas en el fondo de las cavernas, en el barro cocido y la cerámica, en la piedra y el lienzo,la fotografía y el vídeo...–, que llevamos a cabo en nombre de la memoria, coleccionándolas en el museo de nuestra electroquímia, obedecen a aquellas, las ansias depredadoras. Capturas de las bellezas e intentos imposibles de no guardar a la vez el horror en la que fueron envueltas (convirtiéndolo en gloria y profesionalidad), el horror de la depredación, precisamente, ¡y el horror a la desaparición propia con la colección completa...!; pero un acto más del hambre con la que fuimos dejados a merced de la corriente, la corriente que lloraba desde el desprendimiento inicial. El hambre que nos signa, de la que salimos y a la que volvemos, de la que queremos huir. Donde la representación emerge imperativa. Del fondo de las tripas vacías, del fondo del cerebro insatisfecho.
jueves, 22 de diciembre de 2016
Escritor
El editor había venido a visitarlo, aunque en realidad había venido para saber cuánto le faltaba para dejar acabada la novela y entregársela.
El escritor estaba sentado a la mesa de trabajo, el portatil abierto, y prestándole una atención a medias continuaba reescribiendo el párrafo que tras haberlo releído una vez más había notado que fallaba en algo, era confuso o dejaba las cosas poco determinadas.
–Necesitaré otro año –respondió sin levantar la vista.
El otro se despidió entonces, asegurándole redundantemente que regresaría.
Al año siguiente sucedió algo parecido, aunque esta vez la página en la que el escritor se entretenía era una que se encontraba curiosamente unas treinta antes de la del año pasado en las mismas circunstancias.
–Otro año..., necesito otro año... –murmuró con un deje de cansancio y febrilidad.
De este modo se sucedieron esos años iguales, hasta que un día, muchos años más tarde, el editor entró en la casa después de esperar inútilmente que le abrieran. La puerta estaba simplemente entornada, como esperándolo, porque esa era la fecha que se repetía. En la penumbra, el editor distinguió la figura del escritor encorvado sobre la máquina, los brazos en flexión, los dedos sobre las teclas... La página era esta vez la número trescientas cincuenta y cuatro, el párrafo el segundo de la misma. El editor se acercó, mientras comprobaba lo delgado del cuerpo del viejo amigo, sin duda, pensó, de tanto empeñar la vida en el intento. Pero no se trataba de eso: el escritor estaba clara y materialmente en los huesos. Y esta vez no necesitó preguntarle. El esqueleto, tres de cuyas falanges no dejaban de moverse, rozando apenas las teclas como trasmitiéndoles los impulsos adecuados de ese modo, sin glopearlas, musitó entre los descarnados dientes que colgaban del maxilar:
–Necesito otra eternidad, deme más tiempo.
domingo, 16 de octubre de 2016
Ulises y Dédalus, ayer, hoy y mañana
Se me ha "revelado" (obviamente, "de repente", ¡y seguramente... por que no deja de ser... una obviedad!), que lo que perdura de lo trasmitido a través de los años y los siglos es lo que todos volvemos a vivir... Dicho de otro modo, lo que reencontramos en nosotros y que no es, en resumidas cuentas, otra cosa que la misma angustia humana (lo que se llamó igualmente "su tragedia") y las mismas acciones a que esas dan lugar, esas acciones desesperadas, temerarias, infructuosas a las que el ser humano se inclina impulsado por aquella, por, en fin, eso que Lacan denominó "la falta": lo que no se puede alcanzar y no se puede dejar de alcanzar. Y lo que, incluso, no puede tener más que inocencia y mezquindad infantiles. (1)
NOTAS:
(1) Pascal Quignard, Morir por pensar (entre otros)
(2) Hago referencia al contenido de la obra al margen del grado de sofisticación o depuración y segura tergiversacióncon el que haya llegado hasta nosotros; es decir, tomando tan sólo la anécdota que movió al poeta –Homero u otro, a su vez re-escrito o re-finado– a hacer de ello... "una historia para ser transmitida".
(3) De paso: es interesante ver cómo esa "fuerza" está consiguiendo, al menos por ahora, llevar a los "rebeldes" a capitular a instancias de la presión de una población que prefiere sobrevivir en las condiciones que la realidad se lo permita. Véase, por ejemplo, esta noticia.
(4) Sobre la "salida", pocas alegorías más reveladoraa que El informe para una academia de Kafka que, como suele suceder, vuelve a decirlo "todo".
(5) Nicole Loraux, Maneras trágicas de matar a una mujer
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Una historia para nuestro tiempo
Lejos ya en el tiempo, Shakespeare sublima la jugada maestra...; la hace en realidad maestra, lo fuera o no en su época. En todo caso, no podemos asegurar el grado en que la realidad fuese "sublime"...
Lejos en el tiempo, en el nuestro, nosotros podemos, en cualquier caso, comprobar lo lejos que la vida cotidiana está del arte. Lejos, después de incontables jugadas rastreras y circenses bajo las reglas del "Circo de Oklahoma" (Franz Kafka, América) que hoy imperan, vemos lo fútil de una y otra y otra subidas y bajadas del telón de la historia.
Pero lo peor es que haya tanto "texto impreso" y tanta "representación" que se esfuerce por no ir más allá de "la (pobre) vida misma".
martes, 20 de septiembre de 2016
Despotricar contra lo inevitable (o "blasfemar") es a lo que estamos condenados
(*) "Ultimo reino", en particular: "Los desarzonados", véase el capítulo XCV que abre paso al siguiente, titulado "Hay que recazar la mirada de los otros", o "Morir por pensar", capítulos XXXI (donde enumera a los blasfemadores) y XXXIV (donde citta a Chuang-tsé).
miércoles, 4 de marzo de 2015
Perla (de Roberto Videla) o la impotencia de lo que se nos escapa
Hay una imagen que me interesa destacar y que me estaba quedando en el tintero: es la de la mano que se cierra para no dejarse ver.... Es una imagen poderosísima que anticipa el final (nuevamente un pensamiento "feliz", "nostálgico", que quiere ocultar la desesperanza que viven los dos personajes –ambos observados por el narrador–, donde cada uno muere y siente la muerte ajena del otro... a su manera). La verdad es que Roberto Videla ha logrado decir un montón de cosas mediante imágenes muy literarias que despiertan a partir de descripciones breves, sencillas, emotivas y fuertes...
En cuanto a los restantes detalles de la artesanía, dejo constancia de que me gustó mucho, mucho. Por su lenguaje, por su frescura, por su franqueza...
jueves, 19 de junio de 2014
Fantasmas detrás de la fachada o Ráfagas puestas en pie.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
"Los inocentes", los débiles, la culpabilidad y la impotencia
Las palabras se secaron...
Las barcas aguardan todas las noches, invisibles,
para llevar hacia el este de la noche
la flota de los humanos: ¡oh, incisión que atraviesa el tiempo!
Máscara sobre máscara,
monstruosidad cubriendo mosntruosidades,
rostro que ignora las lágrimas.
¡Maldita sea la ceguera!
El prado y el bosque llegan a las alambradas,
y en los hogares de los verdugos cantan los canarios.
Un cielo de sangre cubre las cuatro estaciones del año
y el arco iris no tiene color de esperanza,
el cosmos se burla de las incompatibilidades
y pregunta al hombre:
¿soportarás todo esto aún mucho tiempo?,
¿qué ves?, ¿qué te parece falso?
El que va a morir lo ve;
ya nada le amarga
y el tiro en la nuca es auténtico.
Descúbrete y piensa en las víctimas.
jueves, 7 de noviembre de 2013
La peste
Un día como hoy, la vida y la producción intelectual de Camus se vieron repentinamente interrumpidas, según muchos dicen... "prematuramente", por un accidente de coche. Esto bien puede ser atribuido al "absurdo" sobre el que Camus reflexionara hondamente y como el hombre que ha dejado de creer en el destino y los dioses siente y en todo caso piensa. No obstante, el accidente y la interrupción de su "carrera" de escritor y pensador sólo puede ser atribuidos a mi entender a la carretera, a la mecánica, a la imprudencia de quien fuese, etc., en diversas proporciones...; algo a lo que cualquiera está sujeto en estos tiempos del mismo modo que en la antigüedad lo estaban a las batallas y las riñas (que hoy perduran, claro, y también pueden ser causa de accidentes mortales), o la contracción de enfermedades, de, precisamente, "La peste"; o de la concurrencia entre las muchas posibles de tiempo, situación y presencia. El "absurdo" es en realidad otra de las tantas construcciones simbólicas de "última instancia", una "causa primera" que sustituyó y puede aún sustituir al "capricho divino" al que apelarían los creyentes; lo que, como "la peste", "se esfuerza en sorprender". En fin, uno más de los tantos absolutos erigidos por la orfandad del hombre para darse una explicación causal que le permita ocupar una posición de privilegio a sus ojos respecto de los demás componentes del universo, de los que tan distinto se siente..., en relación a los cuales se entiende tan especial... y necesita sentirse y entenderse. Y esto se hace especialmente notable cuando se trata de un intelectual, cuando la necesidad de diferenciarse de todo lo demás, desde las partículas elementales hasta los simios, toma la forma más excelsa de la "dignificación", en donde el cuerpo, arrebatado por la muerte y retirado como apoyo de la vida reflexiva (que es la que se siente perder), es despreciado, y los productos de la imaginación y de la reflexión son considerados manifestación del alma y de lo divino; como... "el conocimiento y el recuerdo", por nombrar los dos productos del hombre mencionados por Camus, lo que consideraba con dudas que fuese "Todo lo que el hombre pueda ganar..." y "Es posible que (...) Tarrou llamaba ganar la partida". Lo que, "vencido el plazo" del "terror", sirve para "negar" que seamos "aquel pueblo atontado del cual todos los días se evaporaba una parte e las fauces de un horno, mientras la otra, cargada con las cadenas de la impotencia, esperaba su turno".
lunes, 11 de julio de 2011
Incongruencias de la idiosincrasia
Quisiera evitar entrar en debates con esos innumerables "filosofastros" de hoy en día que se agolpan en los espacios virtuales jugando a dueños de la verdad ávidos de seguidores "políticos", muchas veces mediante simples digestos mal digeridos que previamente debieron consumir con avidez. Esos que toman aquello que les suena muy mesiánico y lo propagan a los cuatro vientos como panaceas de la solución final o sus caminos regios. Mucho ruido, sí. Pero, ¿cómo puede uno esperar otra cosa de estos tiempos? Hoy todos saben y todos dictan cátedra a base de esforzados años de inculcación retórica, y pontifican sin más y sin buscar "algo" que ponga en duda sus certezas dogmáticas sino todo lo contrario: buscan y reciben sólo aquello que se las reafirmen. Son los que disponen de una más o menos aceptable alforja llena de verborrea "política", "económica", "histórica", "social", "psicológica", etc., que se dispara como flechas a la menor puesta en cuestión o dificultad. Lo grave para ellos sería escapar de sus torrecillas de cartón y perder el grupo, o que un genio diabólico les regalara un cetro prodigioso... con el que no sabrían qué hacer, cómo resolver el problema de la horfandad de la potencia así adquirida. Son los hijos de los que necesitaban de Dios. Y, obviamente, nunca tienen nada que aprender, sólo que enseñar, es decir, re-pe-tir, a-gi-tar...
Pero a veces... no puedo resistirme y meto la cuchara... y revuelvo hasta que ya es tarde... y esa noche no duermo de la indignación...
Resulta sofocante tanta seguridad sobre la base de tantas incoherencias que a fin de cuentas debo pensar que obedecen a "razones" (por motivos) "tacticistas" del mismo orden que las que mueven a los políticos profesionales que nos (des o mal)gobiernan (o simulan gobernarnos). Sin duda, ese "estilo de pensar" ha calado en las "masas ilustradas del presente", gran parte de las cuales cree "por fin" ser propietaria de "un saber" y "una verdad"...
¿Cómo van a ver el absurdo y el horror de su mundo (que cae sobre ellos igualmente... "con azúcar" o "con vaselina") si son parte inseparable y necesaria de su ridícula marcha?
¿Acaso vale la pena decírselo si es que lo deben rechazar en tanto se deban a sí mismos? Incluso los más inteligentes (y la inteligencia aquí es la capacidad para verse a sí mismo a pesar del dolor, para preferir querer la nada antes que preferir dejar de querer), no pueden dar pasos demasiado largos. Incluso a ellos les resulta "difícil" entender lo que hay debajo del pensamiento más alto alcanzado (pensamiento de los grandes pensadores) y descubrir allí sus propias miserias. Por eso, hasta ellos se quedan en la superficie de esos pensamientos: pescando en sus aguas los peces que afloran a la superficie, muertos... esto es, convertidos en slogans que puedan agitarse unos contra otras en su "pelea de gallos".
¿Cómo no acusarlos de esa vieja debilidad que antiguamente caracterizó a "la plebe" (cuando aún no se había extraído de sí una porción "ilustrada" adecuadamente para las nuevas servidumbres) y que la propia fragmentación del mundo, orientada, como no podía sino ser, hacia su permanencia o conservación, es decir, hacia la permanencia de los domesticadores sobre los domesticados, la marcha de las cosas a través de esa fragmentación, ha conseguido reproducir, copiar, incluso "mejorar" de generación en generación... aunque de tanto en tanto marginando a quienes acabarían no pudiendo sino denunciar los hechos, la fuerza por la fuerza de unos, la debilidad mendicante de los otros, la cobertura de los acomodados productores de ideas...? ¿Y cómo, a la vez, no comprenderlos, no disculparlos...?
Nietzsche dijo poco más o menos: "ayudemos a mejorar el mundo eliminando la debilidad". Al hacerlo evidenció, según lo veo, estar preso de un error de doble faz que le valió ser condenado por las buenas conciencias y en todo caso valorado de manera sesgada. Una cara del error habría sido reiterar el sueño maquillado y enmascarado y edulcorado... de Platón y de la filosofía: el sueño de un "mundo mejor" o el anhelo de una "ciudad buena", un mundo que nacido de la razón y de la lógica se pudiera imponer a todos los hombres, lo quisieran o no... eso sí, justamente, conservando la domesticación y la fragmentación en los términos en que estaba vigente en su propio mundo (¿o acaso Platón excluía a los esclavos de un tal mundo?, ¿excluyen los actuales platónicos al Tercer Mundo de verdad, la división entre productores de cultura, arte, ocio y planificación y los productores de manufacturas?). La segunda cara del error, fue proveer de material a los poseedores de la fuerza bruta y maestros de la hipocresía, el tacticismo, la inmediatez, la mezquindad, la falta de escrúpulos, el sadismo incluso... los "señores de la guerra", de la fuerza bruta, del poder por el poder.
Pero Nietzsche no podía dejar de sentir nauseas ante la personalidad del "débil" ("los borregos del rebaño") que una y otra vez se disponía a esperar, más allá en realidad del límite de su paciencia, que le tocara una pizca al menos del botín que ayudaba a sus señores a ganar... Más allá del límite, sí... porque en realidad, repito, sólo se han sabido movilizar encontrado un señor nuevo que le prometiera una nueva guerra de reparto, una nueva redistribución, de la que algo obtendrían, algo... a veces sólo la muerte, a veces sólo "una parcela de cielo" (Marx dixit quizás con cierta inconsciente hipocresía o, si se prefiere, una hipocresía prefigurada, un esbozo a completar y a materializar, tan errónea en todo caso como la de Nietzsche... o la de Rousseau...)
Una debilidad que, como todas las características idiosincrásicas, parece llevar antes la muerte que a un cambio de actitud, una renuncia a lo aprendido, a lo adoptado, a lo aceptado y valorado por los grupos a los que cada uno se va integrando durante la vida, pasando de uno a otro (el de la familia y los amigos de la familia, el del colegio y del barrio, el de las fiestas estudiantiles o populares, el del equipo de trabajo, etc.). Una debilidad que no sirve para nada a quien a fin de cuentas permanece solo, dependiendo únicamente de sí mismo, en cierto modo apartado por o para volverse un excéntrico al que si no calla se lo puede llegar a acusar de loco, de perturbador, de pervertidor... y ahí está Hipaso y Sócrates, y muchos más pasando por el propio Nietzsche... Y que por eso... no todos hacen suya, ni más ni menos: porque no le es la herramienta o el arma más útil, la que mejor se adapta a su brazo y a su mente. Y que la marcha misma de las cosas selecciona de manera artificial, como si fuera natural sólo que mediante la intervención humana, creativa, que a ello le debe el calificativo (por ahora), al menos de mi parte.
Una debilidad, como puede verse (y si se lee bien, éste es el sentido ya presente en Nietzsche) no es la de pertenecer a una u otra etnia, cosa que se argumentó como manera de autoetiquetarse "arios puros" (esto es, "humanos de verdad") por la sempiterna vía negativa, la del "no somos eso", la de "Isra-el" (que significa "contra El", el dios cananeo o babilónico). La debilidad que se expresa en aquellos que delegan la voluntad propia de poder en la voluntad de poder de otros... (algo que a fin de cuentas, por esa propensión a la esperanza de esa otra debilidad, la propia de los idílicos pensadores, la debilidad de la impotencia enrabietada, rechazada, contumaz, afectó sin duda al propio Nietzsche incluso así como a todos los filósofos desde Platón -recuérdese Siracusa-, hasta -sí, casi acabando- con Heidegger, tal vez el último filósofo, el filósofo de la autodestrucción o autodilución de la filosofía.
Una debilidad que yo me resigno a soportar, igualmente impotente, aunque no sirva para nada, sabiendo que no servirá para nada... al menos para nada bueno; la debilidad de quien se resigna a la certeza definitiva de que el mundo del mañana no está ni mínimamente en sus manos, ni como asesor del poder ni como la vanguardia de los débiles. Aunque, como todos, muera estúpidamente por permanecer fiel a tal idiosincrasia... en la que hasta el fin me sentiré muy cómodo, conocedor de sus ardides y peligros.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Nietzsche en el Oeste Americano
martes, 19 de octubre de 2010
Por culpa de Mimí (por motivarme), por culpa de María (por inspirarme), por culpa de las mujeres y de las vueltas de la vida... ante las que uno ya no sabe qué hacer
Te querré sin que lo sepas
(desde ahora),
o sea, sin que lo tengas que sufrir,
sin que tengas que desplegar tus resistencias,
...a mis embates,
sin que tengas la obligación de devolver
...nada
...nada más que el recuerdo,
que es más de uno mismo,
fragmentado y filtrado como más guste,
como más pueda...
soportarse.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Raices fuertes, raíces débiles, espacios reducidos, espacios imaginarios...
Parece tan inverosímil imaginar un ser humano que no se tome en serio ni tome en serio aquello que defiende como decisivo o vital, como imaginar que pueda evitar emitir juicios de valor o abrace un mito.El ser humano prefiere querer la nada a no querer, sostenía Nietzsche ya a sus veintitantos años.
Sin duda, cuesta pensar que Hamlet abandonara de repente sus planes de venganza y se dijera que siendo el mundo y la vida formas de un sueño fútil e inconducente, dominado por el sinsentido y sin una sóla razón defendible, se exiliara, por ejemplo, lejos de los hombres... Cuesta pensar que Zarathustra se habría quedado en la montaña hasta morir de tristeza, convencido como estaba de estar cargado de sabiduría hasta la coronilla, sintiéndose "hastiado" como "las abejas" por "un exceso de miel", considerando que "la copa" buscaba "desbordarse". Y mal vivir resistiéndose a la necesidad compulsiva de llegar a los hombres y ser por fin algo, y en concreto él mismo, entre ellos o... a su cabeza (como habría dicho el Goetz de Sartre).
Sin duda, cuesta pensar que la locura sea al mismo tiempo tan engañosa como estar a la vez loco (como podría verse desde la mirada exterior de algunos, Polonio, por ejemplo, en relación a Hamlet) y... seguir un plan que parece seguro.
No. Si hay planes hay cordura (*). Y si hay cordura hay una causa detrás de las acciones. La mentira (se termine creyendo en la propia o no, dando lugar a una actitud que se considera honesta) tiene por misión conseguir de los demás y del mundo lo mejor que sea posible para nosotros mismos. Aquí reside el secreto que todos quieren mantener en vergonzoso secreto y que también todos vergonzosamente respetan.
(*) El Zarathustra de Nietzsche, ya que lo he mencionado, no tarda más de lo que dura una experiencia frustrante con el pueblo para descubrir que no debe continuar intentando predicar para él, y modifica de inmediato sus planes: a partir de la nueva toma de conciencia, Zaratustra asume el objetivo más perfilado de buscar exclusivamente "compañeros"... "compañeros en la recolección", "eremitas" o "parejas solas". Con ese descubrimiento, acaba el "Prólogo" y comienzan los "Discursos"... y "Así comenzó el ocaso de Zarathustra".
jueves, 24 de junio de 2010
Donde la comprensión no se echa en falta... sino todo lo contrario
La experiencia y la intuición me han llevado de entrada a concluir a mí también "that ‘to know more’ is not always ‘to hear more’" (where "more", of course, it's not "better" y donde "to know" no es sino una de las formas simbólicas de realizar el deseo de apropiación humana, la sucedánea más precisa de la equivalente apropiación real).Sin duda, esto nos remite en buena medida a Nietzsche, que a mi criterio fuera bastante más allá, sentando las bases para que pudiéramos convencernos de que a todo individuo le resulta imperativo apropiarse al máximo posible -y del máximo posible- de mundo, ni más ni menos como la manera de evitar diluirse en ese mundo hasta el extremo de dejar de ser lo que hasta ese momento se era. En el caso del hombre, dejando al mismo tiempo de sentir y de pensar, acariciando así la muerte... hasta morir en vida o por fin abandonarla del todo. La música nos sumerge en un sueño que podemos controlar y no que nos controla como cuando dormimos.
El esfuerzo agotador de esta resistencia activa de carácter conservador (que asimilo a la idea de una cierta inercia retroalimentada) tiene en la música, o a al menos a mí me lo parece, un refugio inocuo, uno en el que se puede entrar, residir por unos instantes, y regresar después de allí indemne, como si el tiempo hubiese sido suspendido para uno... por un tiempo, o como si se hubiese tratado de un viaje fuera del espacio-tiempo mundano (que o es ruido o es agobio).
Nietzsche que lo dijo casi todo, ¡y a los 25 años!, debe ser citado en este punto como mejor síntesis: "Con el lenguaje es imposible alcanzar de modo exhaustivo el simbolismo universal de la música, precisamente porque ésta se refiere de manera simbólica a la contradicción primordial y al dolor primordial, y, por tanto, simboliza una esfera que está por encima y antes de toda apariencia. (...) el lenguaje, en cuanto órgano y símbolo de las apariencias, nunca ni en ningún lugar puede extraverter la interioridad más honda de la música, sino que, tan pronto como se lanza a imitar a ésta, queda siempre en un contacto externo con ella, mientras que su sentido más profundo no nos lo puede acercar ni un solo paso, aun con toda la elocuencia lírica" (F. Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, Alianza, Biblioteca de autor, Madrid, 2007, pág.74)Tal vez suceda también en cierto modo ante la pintura y la escultura "expresivas"... pero diría en todo caso que no con el mismo alcance. Esas artes apolíneas nos pueden sustraer apenas un instante y parcialmente, mientras que en la música podemos perdernos por un largo rato... y con los ojos cerrados.
La música me parece, así, un territorio de irresponsabilidad por excelencia, tal vez el menos peligroso, para la propia vida y el propio mundo en y al que no queda sino someterse, capaz de sustraernos de la exigencia de respuestas que ambas realidades nos generan; donde uno puede morir por unos momentos... y volver a la vida, donde nada amenaza con el tan temido no retorno. Como escribiera Nietzsche: "...sólo partiendo del espíritu de la música comprendemos la alegría por la aniquilación del individuo" (F. Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, ed. cit., pág. 144), lo que yo no diría que sea ni mucho menos alcanzar la unicidad metafísica que supone la filosofía platónica (Schopenhauer y el joven Nietzsche incluidos) que nos sería deseable, sino el Paraíso perdido que no se compartía con nadie porque todo estaba sólo para uno mismo.
En este sentido, la música (y la danza a la que esta motoriza) tiene las mismas propiedades que la inmersión erótica, donde el sexo, mientras dura, lleva al mismo resultado. Y también debo decir que la poesía nace sobre todo de la música que el lenguaje impone en tanto que pensamiento, de su encierro y su necesidad de expresarse mus¡calmente, es decir, con algo que no pretende trasmitir contenido alguno sino simplemente agradar, atrapar, aprisionar, es decir, por estar al servicio de la apropiación.
Ciertamente, lo lingüístico (que incluiría las formas más "primitivas" -y complementarias- de lo gestual, lo gutural... incluso lo gráfico...) y en particular lo textual, puede parecer a muchos y ser por tanto considerado como nacido con un fin, y aún más con el fin superior de procurar entendimiento y comprensión... Sin embargo, y mal que nos pese a muchos, el lenguaje nació prioritariamente para unir en el marco del grupo, para identificarse y para engañar externa e internamente. Su utilidad tiene pues y sobretodo un sentido fraudulento que se ha ido ampliando y sofisticando al ofrecernos una vía superior para la supervivencia, vía que en realidad no existirá nunca... y que en realidad permite que los que las prometen tengan una vida al menos superior a las de los demás. Y por eso, el propio canto añadido a la música es reducido por nuestros oídos a un instrumento adicional que se suma a la composición y a la orquesta.
La presencia, a veces, en la música de cierto "contenido explícito aunque cualitativamente insuficiente" (lo entrecomillo para darle el sentido de un concepto), como sucede sobretodo en la Ópera y las misas, donde yo diría que no pretende hacer tanto el papel de texto sino el del canto, permite por el contrario la entrega in extremis y a pesar del texto la experiencia de la sensibilidad, en cierto modo de una manera "más animal" o, por decirlo de otro modo, "menos conflictiva" que en presencia de un mensaje textual que se nos dirija explícitamente -o que hayamos hallado o descubierto por haber ido en su búsqueda- que nos proponga algo. Incluiría en parte a la poesía, que indudablemente tiene algo de esta especie de abducción contemplativa o no reflexiva, de entrega y no de confrontación, que sosiega en lugar de perturbar, que olvida la presencia de la muerte gracias a pasar por unos instantes al otro lado. Y también más libre en relación al usufructuario de los engaños mencionados. Sin duda a la vista de esta realidad, se impulsó el uso de la lengua nacional en la lírica, lo que no tuvo ciertamente mucho efecto como no se quiera mencionar el del fomento del espíritu nacionalista (como en los casos de Wagner o de Verdi) que no es precisamente lo que pasó a la Historia e hizo sus obras perdurables y tal vez deba atribuirse más a la música que a sus referencias explícitas, históricas y/o mitológicas presentes en el canto.Estas experiencias se dan en la audición (y en la ejecución, que sería audición compartida del ejecutante y del creador) de música, aunque sea en su reproducción mental y en su lectura, incluso cuando la voz humana sólo "canta" y no transmite mensajes, cuando no intenta comunicar algo que intenta ser común a todos... siéndolo de hecho, sino que busca simple y centralmente conmover, capturar, secuestrar, apropiarse...












