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sábado, 16 de agosto de 2014

Los "libritos rojos" de la posmodernidad (una minitragicomedia)


En su día y a la vista de esta foto, se me ocurrió que se producía el siguiente brevísimo y sustancial diálogo:











Hessel: -¡Amigo mío: he recuperado el optimismo! La indignación juvenil que hemos provocado me infunde una alegría y un optimismo notable. ¡Y lo he logrado con sólo 32 escasas páginas! ¡Todavía no me lo puedo creer!

Sampedro: -¡Hemos actuado a tiempo, sin duda! Quién sabe, ay, si veremos el fin del neoliberalismo, la dictadura financiera y la injusticia social en el mundo, pero la pica en Flandes fue clavada... ¡Estoy contentísimo, ya puedo morir pletórico! Lo único que me preocupa es dejar sin rumbo a estos niños...


Creo que cupo publicarlo entonces, pero que no viene mal acabar de publicarlo ahora tanto como en cualquier otro momento, sin florituras (como preví hacer) y casi como si se tratara de un mcrorrelato o, quizá más exactamente, una minitragicomedia.

lunes, 3 de junio de 2013

Tanya: pincelada de una amiga escritora


Apenas comienza a dormirse, su cuerpo comienza a menguar. O quizás sea la cama la que se expande y es el tejido, aparentemente compacto, del colchón y de las sábanas, el que se va abriendo hasta asemejarse a una gigantesca hamaca de red, cuyos nudos se separasen más y más y más... El proceso dura el lapso que tarda en dormirse, mientras su cuerpo, con peso suficiente todavía, provoca aún que la zona de la red en la que reposaba se mantenga abombada, aunque cubriendo cada vez menos alveolos. Por fin, en cuanto el sueño la abraza por entero, ya casi sin peso  y diminuida suficientemente, se escurre por alguno de los huecos abiertos (cada uno de ellos a una galería diferente pero sin paredes, conducente a un lugar aún inexistente) por donde entra a caer en el vacío, eso sí, lentamente, como una pluma minúscula, o como si el espacio tuviera allí, en esos imprecisos conductos que se forman, algunos con forma de toboganes alambicados otros de embudos retorcidos, otros como tubos y esferas, la densidad de un gel. O como si en ellos la gravedad fuera inapreciable.

Tanya entra de ese modo en el mundo de los sueños, muchas veces nuevos, en todo caso a renovar o a revisar, y allí, durante "una hora" (según "el conejo corredor del reloj de bolsillo" habría cronometrado por ella) entreteje una (o más) historia(s) que crecerán hasta convertirse en un mundo de fantástícos amigos dispuesto a ser plamado por ella en "negro sobre blanco", más iluminado y coloreado aún que al ser imaginado, en el sueño del sueño donde el personaje es ella misma y la soñada, en el que despertará para escrbirlo...

martes, 30 de octubre de 2012

La botella repescada (segundo apunte)

Está pues La Ciudadela (ver mi primer apunte), donde se ha recluido voluntariamente el "tirano" una vez que cualquier paso más que diera para aumentar el poder lo dejaría solo en un mundo plagado de cadáveres. Y no muy lejos otra fortificación, igualmente inexpugnable gracias a su particular estructura, aunque también es un castillo de naipes... que depende sobre todo de su cohesión interna. No es sólo esto, pero su nombre ha sobrevivido a la antigua función principal que era preservar la cultura antigua: "Gran Librería", al comienzo de la novela, mucho más que el originario depósito de libros (y arte) disponibles en la isla. Aunque ya no exactamente la sede del gobierno, como en los primeros tiempos; el surgido en la emergencia para que la sociedad pudiera continuar en las nuevas condiciones del extraño y nunca explicado apocalipsis que los había aislado siglo y medio atrás. Ahora, la Gran Librería alberga la Antesala del Código, que a su vez, en los últimos años, ha pasado a ser el leit motiv que congrega a la "hermandad del libro". Fue cuando Puzzo, el germajor de entonces, dio forma al Proyecto: la producción acelerada de un código genético capaz de superar al hombre.

Su población en aumento estará así constituida por quienes no han "nacido de mujer" (de paso, un guiño a los augurios de las brujas a Macbeth para cuando "el bosque comience a avanzar") gracias al trabajo diario que se lleva a cabo en la mencionada Antesala. ¿Lo que encierra un augurio tácito a su vez que amenaza al "tirano formal"? Pero, ese crecimiento, también podría ser una amenaza interna, porque la "colmena" no está ni mucho menos libre de fisuras a instancias, como siempre, de lo que produce la voluntad de conservarse, es decir, su complejización y su constante producción de nueva artificialidad...

En medio de los dos poderes, el que ansía su propio endiosamiento por todos los medios a la mano (sustitutivos de los ya practicados antes o remozados) y el otro, que se ha adoptado la voluntad de dedicar la vida (del colectivo) a desaparecer en aras del futuro (a extinguirse o a aceptar la esclavitud definitiva)... pero conservando para ello el poder entre los hombres, un individuo, que no es capaz de creer en nada, preso de su debilidad, su orfandad y su impotencia recorre el camino efímero de la vida que las circunstancias demarcan... en todo caso, inclinándose por inventar mundos posibles.


viernes, 12 de octubre de 2012

Bartleby

"Bartleby" (una reflexión con forma literaria que no debería confundirse con un relato breve)



Cuando al final de su curiosa historia, le dijeron a Bartleby que de persistir en su actitud se moriría, dijo (o al menos pensó decir) como de costumbre y sin la menor variación expresiva, que “preferiría no hacerlo”. Sin embargo, tampoco ante estas circunstancias actuó en modo alguno por evitarlo (y cuando digo “no lo intentó”, no quiero inferir en absoluto que ello se debiera a resignación, fe religiosa o conciencia científica algunas). Permaneció simplemente impasible y, lógicamente, se murió. Era un personaje extraño que sin duda fue fiel a sí mismo hasta las últimas consecuencias: lo que más “prefería no hacer” era aquello que en una u otra medida le quisieran imponer. Sin embargo, si de algún modo se encontraba, sin más, por inercia, por accidente, no sé, envuelto en ello, metido de lleno, por así decirlo, en la rutina (como de ese modo acababa siendo siempre, al menos desde una óptica “normal”), lo continuaba haciendo a pesar de todo, con precisión y parsimonia “prefiriendo” desde ese momento que no cambiara nada. En esto, actuó del mismo modo al dejarse morir sin preferirlo. Era lo que ya le había sucedido un día, de repente, cuando lo llevaron a esa primera cárcel que los demás llamaban, por lo que pudo escuchar una y otra vez y buenamente acabaría llamándola del mismo modo, por ósmosis, “vida”.



lunes, 16 de julio de 2012

La botella repescada... (1)

En mi "segunda novela" que espero deje de ser un borrador antes de que me jubile (en todo caso antes de que se agote mi escasa participación intelectual en este mundo de locos para iniciar una andadura contemplativa hacia el polvo y el recuerdo) se levanta una Ciudadela semienterrada, especie de palacio de un remedo de Big Brother espartano emergido de la marcha sin meta del hombre a la vez que de sus pretensiones sistemáticas e inevitables de fijarse alguna. Es decir, de la artificialidad que nace de lo más instintivo, de lo que se impone desde la vida a la vida.

Como sucede al menos en mi caso, una vez creados los condicionantes iniciales y ciertos momentos puramente estéticos, la novela se fue construyendo cada vez con más riqueza de contenido y... muchos centenares de páginas que habrá que recortar un poco. ¡Esa es la fatigosa tarea que me espera ahora!

Pero, entretanto, y en conexión con el post que escribí en mi otro blog sobre la cuestión que he denominado "los molestos", quiero desarrollar aquí una reflexión un tanto más literaria sobre el caso; un caso que me temo de mucho de que hablar en un futuro previsible, tal vez a cuenta de mi posible paranoia, tal vez de mi posible aguda intuición.

En las honduras del bunker mencionado, he situado con un método puramente dadaista las que podrían bien ser consideradas calderas del infierno; unas grandes calderas donde bullen sin cesar fuegos incineradores destinados a desintegrar y volatilizar los deshechos que se generan en ese lugar a consecuencia de la vida cotidiana... Pero resulta que, como todo lo que hay en el mundo, esos dehechos están definidos desde la institución que se da el hombre, o mejor dicho, a la que llega simplemente marchando como he señalado al principio: sin meta aunque inventándose colectivamente una y creyendo individualmente en ella; y por eso, allí también son considerados deshechos todos aquellos individuos que se conviertan en molestos para el mencionado Big Brother, individuos que éste considera inútiles y, por ello sin más, perturbadores, por lo cual deben desaparecer del mapa. No tiene que mediar una Gran Causa (¿quién tiene la autoridad o el derecho de decir qué motivo o razón podría serlo?) ni debe ser dada la más mínima justificación. Eso, allí, en ese mundo, ha sido completamente superado: es el atributo por antonomasia que define al Big Brother como Brother Supremo. En ese mundo sin dioses, un hombre ha aceptado ocupar el lugar vacante de Dios a sabiendas de que es parte de una pantomima; de La Pantomima.

Para facilitar las cosas, en cada rincón de la Ciudadela hay alguna boca que lleva hasta el corazón de Los Incineradores. Y para que no exista posibilidad alguna de suspensión o anulación de la pena infingida ni humana esperanza de rehabilitación o indulto, todas las sentencias son sumarísimas y una vez que son colocados en la boca de los conductos (que están siendo constantemente lubricados), los cuerpos se deslizan en picado, en ausencia absoluta de obstáculos, directamente hasta las calderas, donde crepita el fuego que comienza a quemar ropas y piel en la medida en que se está más cerca, todo lo cual, de todos modos, pasa extraordinariamente rápido.

Oscuros, irremontables, sin asideros, una vez en ellos los individuos se saben irremediablemente condenados de inmediato, y, a pesar de aceptar que su fin está en el orden de las cosas... acaban gritando desesperadamente mientras se precipitan hasta el último momento, incapaces de reprimir el reclamo de una ayuda conscientemente imposible y tal vez pereciendo en el ejercicio mismo de la esperanza...

En nuestra sociedad, por el contrario, los incineradores reales son de los más diversos estilos y no han sido simplificados hasta el extremo gráfico con que los he diseñado para mi Ciudadela de ficción. Entre nosotros, consumen lentamente la vida de los condenados a lo largo de una caída que parece que no cesará nunca, ni para bien ni para mal. A diferencia de los de mi caricatura, suelen consumir antes al individuo desde dentro, desde sus propias vísceras, como si se convirtiesen por anticipado en cadáveres a disposición de los gusanos. Como si se tratara de un viaje realmente instantáneo e irreversible similar a pesar de la apariencia al que se les impone a los molestos para mi Big Brother... En uno u otro caso, a fin de cuentas, se los considerara y se sienten de inmediato muertos.

A veces, también son quemados meticulosamente y trozo a trozo mediante la tortura... Pero esto es tan sólo otro preámbulo que ha sido suprimido: mi Big Brother no busca diversión, sólo pretende ser divinamente expeditivo.

En nuestras circunstancias, los millares de millares de conductos que están al capricho de nuestros Grandes Hermanos y sus cohortes de trolls, de clones, de bufones y de cobardes prontos a traicionar... incluso a ellos, no confluyen en una única Gran Caldera, sino que acaban en millares de frías y apagadas calderas, oscuras, húmedas o calurosas, viciadas, inmundas, todas más o menos terminales, donde las llamas no brillan ni siquiera para celebrar la muerte ni dejan ver las circunvalaciones que describe cuando danza en torno. Otra cosa son las cárceles civilizadas, donde se interna a quienes son juzgados por un tiempo previsible. Incluso aquellas en donde los asesinos aguardan su ejecución legal.

No, mis incineradores, aunque única opción para cualquier supuesta falta o puesta en evidencia digna de la medida, no son nada que se pueda asimilar a estos espacios de aislamiento, ni siquiera a los actuales psiquiátricos. En realidad, lo más parecido a ellos han sido los gulags soviéticos, pero sobretodo son la versión fantástica de las prisiones totalitarias en general, esas a donde se aherroja a los que fuera molestan demasiado a criterio de los hermanotes de turno, donde algunos desaparecen para siempre (incluso, muchas veces, tras volver al mundo exterior). Me refiero a otra cosa que, de hecho, no está allí para nadie (salvo para los carceleros y los verdugos), que se pierde al final de un conducto que no se ha recorrido porque eso sólo se hace una sola vez en la vida, que parece al común de los mortales una pura fantasía como la de mi Ciudadela u otras: historias, historias que se cuentan para asustar a los niños... Los únicos que se enteran son... los profesionales, los que cumplen sin más con un trabajo por el que no sólo cobran un salario -nunca demasiado aceptable- sino que son condecorados y amados por el Brother y sus leales, además de deleitarse cuando aplican la oreja a las paredes del submundo para deleitarse con la música tenebrosa del dolor y de la angustia, apreciando las diferentes escalas, los diferentes registros, para los que sus oídos se han desarrollado

La esperanza, que en cuanto se comienza a caer por los conductos (o mientras te llevan embolsado) comienza a diluirse, acaba, por fin y generalmente, por quebrarse, hasta inducir incluso deseos antinaturales, deseos de que llegue de una vez el sueño eterno. Y muchos de los que salen, en parte por lo menos, se ya no son sino espectros que no saben decir por qué siguen allí, por qué y para qué están aún en ese mundo que antes de que los encerraran creían conocer bastante...

Todos tenemos mucho de lo que ocuparnos, de lo que alegrarnos y de lo que sufrir; de modo que esos gritos no llegarían hasta nosotros ni aunque los trasmitiesen por la tele. En todo caso, los hermanotes nos lo ahorran con ponerles una prioridad, mostrar sólo algunos aspectos, integrarlos en una narrativa tácticamente apropiada, distorcionándolos o, en caso de juzgarlo conveniente, borrándolo del mapa como se borrara de las fotos a Godwald tras dejarle el gorro a Clementis, como nos contara Kundera (El libro de la risa y del olvido).

En cualquier caso, siempre estarán allí, por todas partes, esos conductos, abiertos a los que se ganen el castigo de desaparecer del mapa. Nacemos rodeados de letreros y de voces que nos lo advierten desde el primer día. Es lógico que respondamos a esa sistemática invitación a la buena conducta que reprime el deseo de saber demasiado y de decir lo que sabemos en voz alta. Nacemos, además, ávidos de saber y de ganarnos las simpatías del prójimo. De ahí que pasar desapercibidos y en silencio, mirando a lo sumo por el rabillo del ojo y murmurando para adentro, equivalga a no haber siquiera nacido.

La botella que el marinero Simbad pescó en el mar de las mil y una noches y logró arrojar al mar de nuevo, ha vuelto allí para volver a ser pescada... abierta... despertada... engañada... resellada... repescada...

En algún previsible futuro del futuro del futuro... mi ciudadela, erosionada y semicubierta por arenas negras (lo son realmente en ese mundo donde todavía, hoy, no ha sido levantada), tal vez sea alguna vez desempolvada...

...o rescatada de las aguas al modo de una hipotética Atlantida invertida que en lugar de desaparecer emerge.


domingo, 26 de diciembre de 2010

"1984"... ¿irreversibilidad ad infinitum o colapso in progress? (Tercera y última parte)

George Orwell (continúo) situó el futuro previsible (a la luz de las evidencias que había estado observando) a sólo treinta y cinco años de su tiempo... en un mundo que tenía por centro neurálgico a la mismísima Inglaterra... ¡el escenario por excelencia del conflicto final entre "los medios de producción" y "las relaciones de producción", ni más ni menos!

Orwell conforma ese mundo de tal modo que parece absolutamente irreversible.

En 1984, el futuro del presente, la única oposición efectiva a la que se puede acudir, como hemos visto, es inventada por el propio régimen además de prometer lo mismo y bajo un nombre minimamente diferente: al Gran Hermano no se le ocurrió mejor enemigo imaginario que una temible y lúcida Hermandad... Tal vez mera simplificación recomendada y bendecida por los neolingüistas.

El futuro, gracias a la sistemática dedicación del aparato del Estado a borrar y reecomponer el pasado, desaparece, por fin, en la eternidad...

¿Es esta una prospectiva razonable, es admisible, es en todo caso realizable; toma en cuenta un cuadro suficientemente completo de la realidad de la que, como hemos demostrado en las dos partes previas de este ensayo, parte, en concreto, la sociedad post bélica visible en 1949?

Orwell se apoya en observaciones sutiles (como he dicho: retroalimentadas en la fragua fructífera de la frustración, que cada vez se hace menos desprejuiciada) de las circunstancias que lo llevarían además a atar cabos a lo largo de la Histórica Humana, permitiéndole así completar sus capítulos aún irrealizados mediante la construcción imaginaria, específicamente literaria. Podemos a nuestra vez reconstruir esas observaciones llevando a cabo el proceso inverso, es decir, remontando la corriente del tiempo desde el futuro supuesto hasta nuestro presente. Precisamente, lo que Orwell intentara provocar inventando y proyectando en sus lectores potenciales coetáneos y de la posteridad... "comunicar con el futuro", aunque fuera "imposible por su propia naturaleza" (ibíd., pág. 14). Hacerlo nos permite el siguiente inventario mínimo:

a) las masas trabajadoras no pueden ni pretenden gestionar el mundo sino sólo obtener el máximo de bienestar posible gracias a la buena gestión de los especialistas (cuando no de un rey sabio). Pero las propuestas o, si se quiere, los sueños idílicos relativos a dictaduras proletarias o populares o a la autogestión han demostrado ser pura propaganda al servicio de una camarilla que consigue autolegitimarse seudorracionalmente para acabar estableciendo prioridades pragmáticas que ponen por encima de cualquier meta mesiánica y ni siquiera son capaces -supuesto que les interesara- de llevar a cabo. Los gobernantes pretenden representar al pueblo sólo para gobernar lo real con aparente realismo... Pero ello los lleva simplemente a mantenerse en el poder en la medida de lo posible, sin responder más que a su propia mecánica sin contenido. Esto es en el fondo lo fundamental, ya que los intereses personales y de grupo se reconforman y redefinen en la medida en que el proceso avanza, como es costumbre en el comportamiento de todo mecanismo u organismo inestable.

b) la intelectualidad se ha proletarizado y/o burocratizado, dando de entre sus filas cada vez más miembros potenciales de la futura dictadura, miembros que son reclutados por el Partido Interior aparte de los que combaten en los frentes de batalla inciertos y más o menos puestos en escena (el Partido Exterior, del que se sabe poco aunque sí que es un escalón más bajo y al parecer menos sólido en sus convicciones, podría ser un intento vago de dibujar a la carne de cañón militante que obedece a la camarilla y da su vida por ella bajo la bandera de la patria o del líder).  O sea, se trata de un estamento útil pero en el que no se puede confiar. A unos se los vigila, a otros de los expone a las balas.

c) la técnica y la ciencia en la que esa sociedad descansa se han superinstitucionalizado hasta más allá de sus básicas razones de existencia (la conquista y la opresión, sobre y de los otros). Así se llega a la producción de la destrucción, llamada guerra, reducida a su vez, en una nueva vuelta de tuerca, a la función de control social y psicológico, donde esos objetivos de destrucción y de odio combinados permiten canalizar todas las energías de la sociedad. Es decir, la guerra ya no pretende la conquista ni el poder omnímodo sobre el enemigo (lo no humano) sino la estabilidad y cohesión internas, donde lo no humano por fin ha sido completamente fagocitado y esclavizado simultáneamente. La técnica, en manos del Partido Único, es por tanto no sólo irrebatible sino inutilizable y su carácter de creación, de producto artificial, se hace ostensible mientras la idea (fundacional) de progreso, que parecía inseparable a la ciencia y sus aplicaciones queda definitivamente vaciada de toda significación: no  hará falta ya inventar nada nuevo: lo inventado ha comenzado a ser, en 1984, en 1949 y hoy, suficiente para los fines del Gobierno: continuar per eternum mudando el pasado según lo exijan las circunstancias, controlar el pensamiento, reducir el lenguaje en sus significaciones y su operatividad, torturar para domesticar mentalmente, mantener un estado de guerra sin vencedores ni vencidos, mantener un sistema de comunicación, agitación y propaganda centralizado, mantener un cierto balance en la producción de bienes de consumo básico, y poco más). La famosa recomendación de Maquiavelo al Príncipe será ya innecesaria: no hará falta mudar de la bondad a la crueldad hacia los súbditos según las circunstancias, bastará sustituir o incluso eliminar las palabras bueno y malo y convertirlas en servicios equivalentes al futuro. "The Big Brother is ungood".

d) la lengua debe ser sometida a la invariabilidad variable donde todo es apariencia teatral con personajes mudables. "The Big Brother" es demócrata y democrático haga lo que haga porque fue elegido... o porque está al mando... "... is ungood".

¿Falta algo en este cuadro cuyo progreso podríamos observar como hizo Orwell, esto es, si dejamos a un lado el temor de renunciar a los viejos atavismos mágicos y a las supersticiones que lo disfrazan  y animarnos a... mentar al diablo?

A mi modo de ver hay tres cosas notables que se pueden añadir al cuadro, y que ya existían en 1949 , que existieron en 1939, y en 1789... e incluso desde los tiempos clásicos en cierto modo:

e) la vocación filotiránica de las masas (en las que incluyo a los intelectuales que se suman a sus filas de uno u otro modo; los que, aunque su base tenga una idiosincrasia originaria propia, se confunde cada vez más con la de la masa para contribuir y converger al mismo resultado; convergencia por ambas partes a tenor de la reducción -o licuefacción- posmodernista de lo significante -su expresión psicológico-social- y la concomitante producción de burocratización a instancia de la propia democracia representativa... que su expresión socio-institucional). Vocación tiránica de las masas en sentido estricto (pueblo) que resulta del fraguado circunstancial periódico (crisis social mediante) de su deseo (aspiración) del buen soberano, y que, en los pensadores e intelectuales, nace de su particular manera de pretender el poder... el de hacer del poder efectivo o potencial un títere de sus ideas, lo que permite evitar ver las prácticas realistas que pudieran hacerse indispensables, colaterales, etc., o sea, toda suciedad causada por su propia mano. Esto cuando no deriva en su metamorfosis decisiva. Y aclaro: crisis social y no "económica" ni "política" ya que la razón de fondo de fenómenos de indignación por pérdida de derechos sociales, en el extremo por hambre, deriva a mi criterio de la imposibilidad de toda gestión buena, la del soberano bueno o, in extremis, la de los sabios detrás del trono. Y en todo caso de la pérdida del estado de equilibrio que resulta de los inevitables embates interburocráticos.

e) el carácter intrínseco que reviste la lucha intestina por el poder en el seno de la propia camarilla  burocrática en detrimento incluso de la complicidad criminal establecida para mantenerse como "grupo de ladrones" (el peligro consciente de que todos perderían todo si se hundiese el bote... al haber participado todos en todo). Por cierto, dicho sea de paso y como apunte a las evidencias que deberían admitirse como prueba del fenómeno descrito: el progreso en la dirección señalada de todos los gobiernos hacia un funcionamiento típicamente mafioso, diluye los límites tradicionales existentes (los licua) entre la criminalidad tradicional y la política, como se puede constatar hoy en día en todas partes, y, también, convierte La Ley adecuadamente modelada y/o tergiversada y/o soslayada en  un instrumento tiránico útil al servicio tanto de la  persecución como de la discriminación (como lo percibieran algunos de los afectados por esas prácticas, de repente situados en el límite de la lucidez -véase mi nota al pie de la primera parte de este ensayo-).

f) la tendencia excéntrica de los más individuos más reflexivos y a la vez más resistentes a la marginación y a la persecución, que debemos mencionar porque sin lugar a dudas se manifiesta... todavía al menos...

La  filotiranía de las masas (idílica pero minimalista, a diferencia de la filotiranía de los filósofos que sería maximalista salvo momentáneas claudicaciones ingenuas), descarta por falta de amor propio de parte de cada uno de sus miembros la posibilidad y la capacidad de gobernar (a los demás, claro, ya que la idea de autogobernarse en masa encierra incongruencias insalvables incluso en el límite, y sólo cabe como ideal alternativo del cosmopolitismo que la motoriza). Y esa es la base de su conformación como masa. El individuo que renuncia a ello porque no se siente capaz de asumir la tarea de tirano se suma a la masa o se convierte en su servidor privilegiado (tanto los co-tiranos de segundo orden como los demás cómplices o servidores actúan en realidad como cualquiera de los individuos de la masa, incluso si proviniesen del conjunto de los tiranos potenciales, y como estos se diferencian del resto de esa masa por ser capaces de ensuciarse la manos cumpliendo órdenes y prodigando alabanzas para hacer una carrera superior o secundaria). De ahí que bastantes miembros de segundo orden de la pirámide gobernante provengan de uno u otro modo de la masa para integrarse al gobierno tiránico en uno u otro grado, y, por supuesto, que provengan de la intelectualidad proletarizada o burocratizada, lo que se ha vuelto cada vez más ostensible, como es evidente). En este sentido, la descripción que Tocqueville hace del proceso revolucionario francés de 1789 desnuda una generalidad típica del comportamiento de las masas (el tema fue visto por muchos pensadores de enjundia desde el Renacimiento: Maquiavelo, Hobbes, Spinoza, Kant, Hegel...; conservándose siempre el cosmopolitismo idílico que caracterizó a la modernidad, es decir, al que ocultaba formalmente su significación concreta, real, radical situándolo en un futuro mesiánico al que no se debía renunciar por nada), el carácter idiosincrásico de la masa y de los individuos que la integran y definen; las masas no quieren gobernarse, sus miembros se reconocen incapaces de gobernar a los demás -una figura imaginable de la gobernación factible-, lo reconocen y se resignan a ser gobernadas... eso sí, exigiendo el reparto del botín, sea a costa de quien haga falta, esto es, mediante la sistemática marcha hacia la productividad y la redistribución (dos cosas que inevitablemente llevan al agotamiento de recursos y a la consecución de daños colaterales, es decir, a contradecir profundamente la propia racionalidad a la que se supone que se deba ser leal; dos cosas que apuntan por cierto a la base y la meta artificial que puso y vuelve a poner una y otra vez todo en marcha). El diagnóstico de Tocqueville es lapidario e indiscutible: "las masas no querían libertad sino reformas", es decir, que se les dejara de expoliar hasta la muerte. Lo demás es pura esperanza vana que ni Dios ayuda a alcanzar sino todo lo contrario, como refleja la leyenda de Babel.

El siguiente componente es descartado por Orwell que lo reduce a una pura comedia controlada, la comedia del fantasmagórico Goldstein que de todos modos utiliza para darnos algunas explicaciones causales. Es una perspectiva plana (por referencia a los encefalogramas de un cadáver) la que propone 1984 y a la luz de los datos expuestos parece el único resultado posible. No sólo en la imaginación literaria la selección artificial ha sido aplicada por una sociedad para depurarse. Más de una vez se han creando variantes realistas aunque increíbles de Morloks y de Elois y no hay nada en nombre de qué negarle a un grupo poseedor de varias docenas de patas, de miles de millones de docenas de patas (poder institucional, poder tecnológico y neotecnológico...) conseguirlo al fin. Sin embargo... encuentro una dificultad que me parece insalvable y que incluso excede cualquier referencia a las cuestiones de productividad que plantearía la nulidad dominante que esas perspectivas apocalípticas de hecho producirían: la productividad sería sin duda lo que menos importaría siempre y cuando se pueda apelar al exterminio o a las drogas... Y si no, considérese la fantasía de un mundo completamente stalinizado o reconformado mediante la revolución cultural maoista o a imagen de la Kampuchea Democrática o la Corea del Norte... o sea, donde no haga ni siquiera falta competir técnico-militarmente con el enemigo...

Sin embargo, sí que veo una dificultad para la realización y perpetuación de tales pesadillas.

En Ante la guerra, Castoriadis expuso su visión pesimista que sin afirmar que podría conducir al 1984 orwelliano sí parecía ser nada más que su antesala, al menos en caso de triunfo soviético, es decir, de las fuerzas sociales burcráticas representantes por antonomasia de la Fuerza Bruta en sí. La caracterización, a mi modo de ver, era realista: nada persigue una tal Fuerza que se pueda señalar como significativa, nada que levante ella misma para justificar -y camuflar- sus pasos en la niebla puede ser considerada auténtica y ni tan siquiera simbólica o alegórica o camuflaje de otra que bajo el maquillaje pudiera ser seriamente dibujada: es la neolengua la que habla, el doblepensar, que dice lo que simplemente parece útil para que todo siga marchando hacia la nada, para que el equilibrio se mantenga o se dirima en beneficio propio, para que los que escuchen reciban lo que quieren o prefieren oir, etc. En neolengua sólo hay tacticismo, no estrategia; o la estrategia única se reduce en todo caso a la conservación del mando "a cualquier precio" y no a la consecución de metas, no a construir utopías sino a conservar una ficción básicamente desconcertante, ilusa, aunque esto sea incluso secundario. No hay ideología en el sentido que se le diera al término y como se entendiera históricamente, sino extinsión del pensamiento; puro... amor, puro amor al Gran Hermano, diga y haga lo que diga, sea real o fantasmal; es la pura adopción de un mundo sin pasado ni futuro...

Sin embargo, en Ante la guerra, la cúspide no es homogénea ni está cohesionada por nada... Puesto que nada existe, nada se pretende, eso es una consecuencia lógica. Puesto que la única aspiración es sentarse en el sillón del jefe y/o a su vera... ser El Tirano o uno de los diferentes Tiranillos de segunda fila en el espacio donde las pirámides proliferan como hongos, la práctica política en la cúspide se reduce a la fabricación de la conjura o a la adulación, a morir por el líder existente y el propio puesto o a aspirar a conquistar otro superior, eventualmente el que ocupa el propio líder... En el mundo del hombre, por otra parte, la perentoriedad irremediable de la muerte lleva más tarde o más temprano al punto de ruptura del precario equilibrio que en realidad ofrece la estructura piramidal (algo que siempre puede anticiparse y que siempre está anunciado... bajo el nombre de magnicidio).

Ese punto de desequilibrio, deseado y compuesto hasta donde se puede en cada momento por unos y temido y evitado por otros, todos ellos intercambiables en primera y/o última instancia, punto que parece haber sido eliminado del futuro y con el futuro del panorama de 1984, es en la realidad insoslayable, forma parte de la mecánica de esa estructura de poder (del mismo modo que el asesinato o la revuelta formaban parte de la tiranía clásica -como el Herón, de Jenofonte, y la Historia, lo refleja-). Y ese desequilibrio resulta ser nuestra única esperanza... aunque sólo sea para conseguir un mero respiro más o menos perentorio. Un respiro hasta la siguiente fase de equilibrio en el límite, o el último respiro antes del colapso al que la superposición piramidal enloquecida provoque la ruptura de todas sus costuras.

Sin duda, no es como supone o sugiere Winston, el intelectual, en voz alta (es decir, mientras es registrado por la Policía del Pensamiento): "...aquel pájaro cantó para nosotros", sino tal y como sostiene sencillamente Julia enmendándole la plana: "No cantaba para nosotros. (...) Tampoco, sencillamente, estaba cantando" (tal como redondea la sentencia, enmendándose a su vez a sí misma de manera inmediata y corrigiendo el previo desliz antropomórfico dicho en primera instancia, situado en el lugar en el que puse los puntos suspensivos entre paréntesis, a saber: "Cantaba para distraerse, porque le gustaba." (ibíd., pág.268). Nuevamente, Orwell nos sorprende (aunque para muchos pasará desapercibida la intención o no calará en su manera de ver y de pensar las cosas) al volver a señalar a la naturaleza del pájaro y no a la proyección de la nuestra en él, en atención a nuestra conveniencia psicológica o ideológica a la manera en que la practica inutilmente Winston... lamentable o inevitablemente arrastrándola también a ella. Y nada es el ser humano en todas sus manifestaciones que nos diga, más allá de nuestra perplejidad congénita y de nuestra confusión concomitante, que nos permita tratarlo con otro enfoque. En todos los casos, se trata de unos resultados particulares.

Por esto no me parece factible conseguir o producir que la clase gobernante permanezca sin fisuras ni tensiones. Si un tirano pudiese tener todo el poder del mundo entre sus manos y no sólo pudiese seleccionar los más idóneos miembros de la masa para reducirlos a ganado de uno u otro tipo, sino también a sus compañeros de ruta... sólo obtendría a su muerte un vacío tal que en cualquier caso conduciría al colapso, del que tarde o temprano saldrían renovados creadores de mitos. Esto, en fin, sólo podría implantarse en el límite mediante un tirano eterno o inmortal, un dios terrible y estúpido al que movería el capricho y a quien amenazaría el hartazgo al estar absolutamente privado específicamente de amor.

En De la tiranía, Jenofonte nos hace ver entre otras cosas interesantes, lo que desespera al tirano, lo que precisamente Simónides le indica el camino para conseguirlo. Se trata, respectivamente, del amor que por cualquiera de los camino de su consecución llevaría al propio tirano a la autodestrucción o autodilución de su dominio. Esa necesidad tiránica es lo que la hacía en sí misma defectuosa o imperfecta. Lo que pondría en entredicho la necesidad de continuar con el Terror...

Precisamente, lo que no parece factible, lo que parece imposible viviendo del hombre, es todo tipo de perfectibilidad, tanto la vista como maléfica por la Historia real como la benevolente según prometen las utopías, sea la del estilo de la República de los Sabios socrático-platónica, sea la del propio Reino del Superhombre llena aún de cierto platonismo residual.

Parece a todas luces imposible que en base a seres humanos se pueda conformar una subespecie capaz de funcionar como lo haría una maquinaria programada. No sólo ni fundamentalmente al respecto de las masas (porque mutilarlas o drogarlas las haría inservibles) sino respecto de los propios dirigentes, que alcanzarían igualmente la incapacidad absoluta. De ahí que no sea aceptable la explicación histórica que Orwell nos ofrece a través del larguísimo texto atribuido a Goldstein (es decir, de O'Brien y su omnipotente equipo), donde la burocracia política habría alcanzado un imposible superracionalismo maquiavélico (ibíd., págs. 228-263) y cuyo "secreto" queda al final en el misterio... seguramente por esa imposibilidad que invita a la catarsis.

Lo específicamente humano es la introducción de la artificialidad en el Universo. La creación humana es creación de artificialidad, cuyos resultados, artificiales, se incorporan a la realidad del mundo como objetos reales o acciones de objetos reales... convirtiendo el mundo real en el mundo apariencial o "de la voluntad y de la representación"... aunque sólo en un sentido alegórico. La fuerza principal del hombre es su capacidad para crear artificialidad, y esa capacidad es en buena medida falta de cordura dentro de los límites de lo efectivo u operativo. No es inteligencia ni conciencia ni sensatez ni sabiduría ni sentido de la justicia.... sino todo lo contrario: locura en ciertos grados (aquí se ve cómo la conciencia paraliza...) Se requiere gran amor propio, confianza máxima en uno mismo, intrepidez, carácter temerario, predisposición a superar lo que sea que venga -los avatares, penalidades, obstáculos, percances, designios divinos, etc., o sea, ser héroes y semidioses rebeldes, no dudar, no vacilar, no caer en la desesperanza, no permitir que la mano tiemble, estar dispuestos a todo en nombre de la obra -uno mismo como proyecto-, ser un príncipe, un rey, un jefe, sentirse la conciencia y/o la voz de muchos, sentirse impulsado o motivado al mesianismo, avanzar a toda costa en la consecución de los sueños idealizados, edulcorados, justificados, adornados,  complejizados para embaucar y embaucarnos, es decir, para hacerlos realizables a través de sucedáneos similares o supuestas construcciones previas, caiga quien caiga... estar más allá del bien y del mal aunque en nombre de la propia valoración de lo bueno y lo malo... ser capaz de inventar e imponer la creencia generalizada  en el mito del cual es figura clave o decisiva, una valoración conjetural, ideología, dogma, visión, una incondicionalidad, un absoluto retrospectivo (que reescriba toda la historia, que sitúe el origen del mito en el pasado remoto, que sea una revisión de lo tradicional o una recuperación de algo aún más primitivo o primigenio, en principio algo con atributo de natural) que sea capaz de rodar y crecer como una bola de nieve, integrando y definiendo un estilo de pensamiento, un magma de significaciones, un camino, una marcha gloriosa... que produzca un botín que se pueda repartir.

La Tiranía, nacida en el límite pero a instancias de esos deseos compulsivos de realizar los sueños de unos y de otros, es expresión de la voluntad humana de dominación y domesticación (de la preferencia por contar con 24 patas en lugar de sólo con dos, como se dijera en el Fausto como signo de una locura irresistible). Parece inevitable. Parece que sólo queda la resignación en el sentido laxo del término, en un sentido nihilista.

Sin embargo, me pregunto si podría construirse un Edén donde el propio sentido de esa locura pudiera ser anulado... donde esa atracción cómoda perdiera su sentido y se vaporizara por simple ausencia de necesidad... 

Y esto nos lleva a contar con mi propio ejemplo como caso de la mencionada excentricidad y reflexividad inevitable (aunque tal vez extirpable, en cuanto sea molesta y el molestado tenga la capacidad de extirparla).

Winston siente (con Orwell) que escribir ha dejado de tener sentido cualesquiera que sea la perspectiva de futuro, pero no puede dejar de hacerlo... hasta que la única perspectiva lo demuele definitivamente, es decir, cuando deja de existir toda alternativa, toda duda. Winston, por fin, renuncia a ser un individuo; ha sido, por fin, domesticado como mera pieza del mecanismo integrador que realiza en falso el cosmopolitismo soñado (en esto equivale a las pesadillas de Huxley o de Wells): una raza separada, una subespecie, domina a los demás convirtiéndose en su cabeza inseparable; instituyendo dos humanidades en nombre de la unicidad. Sería, por una parte, una realización, auténtica por factible, del sueño cosmopolita (el de Kant, el de Marx... los cuales habrían devenido claramente en engaños y, a lo sumo, autoengaños). Pero una situación tan extrema sólo podría establecerse de manera imperdurable por no decir interminable si la tiranía perfecta de 1984 lograse eliminar de entrada el nacimiento de la subespecie que tiende siempre a quejarse y a proponer utopías, o, en todo caso, como en 1984, a demoler a posteriori esas personalidades en cuanto sean detectadas, para lo cual estaba la Policía del Pensamiento precisamente. No podemos garantizar sobre estas bases que ello sea imposible.  La técnica y la ciencia en manos del poder se acercan peligrosamente (desde el punto de vista de la preservación de los excéntricos al menos) a una fase en la cual esas opciones se vuelvan técnicamente factibles. La ingeniería genética, las drogas farmacéuticas, los sistemas electrónicos, la sofisticación represiva... podrían incluso discriminar por exceso para cubrir al máximo los riesgos de los molestos. La ciencia ficción abunda en jueguecitos extraordinarios para el exterminio feliz y hasta útil de tales individuos, sean rebeldes irracionales o conspiradores en potencia (carreras de alto riesgo, por ejemplo; una suerte de "encierros" o "corridas", como las que incorporé yo mismo a la novela que sigo prometiendo...) En realidad, seamos capaces de reconocerlo, el proceso de domesticación iniciado hace miles de años ha progresado sistemáticamente en la dirección de su propia significación. Domesticar fue convertir los frutos en comestibles, los animales en domésticos, es decir, consistió en adaptar, moldear, mutar sus propiedades naturales mediante su sometimiento a nuevas imposiciones a fin de cuentas naturales pero también artificiales (naturales en tanto la creación de artificialidad es natural en el hombre). Y los hombres, convencidos de su propia humanidad a la vez que de la inhumanidad de todo lo que fuera ajeno o extraño a la identidad propia, (mujeres incluidas, que como bien señaló Veblen fueron las primeras víctimas), cosas ambas inseparables y autocatalíticas, se dieron a la domesticación de los demás (es decir, a la selección artificial primaria pero ya efectiva de, por ejemplo, la práctica misma de la guerra y otras incluso más indiscriminadas, aún demasiado ideológicas o míticas, como la de acabar con una raza sin más consideraciones, etc.) como complemento de sus prácticas exterminadoras (la capacidad de domesticar, por lo visto, se conformó en el homo sapiens mucho después de que desaparecieran los neandertales... porque si no... menudos mayordonos tendríamos ahora...). El propio Sócrates de Platón es partidario de medidas de ese tipo con vistas a la instauración de la República de los Sabios...

No hemos llegado aún a una situación tan extrema, pero es innegable que, si no consideramos más que las dos tendencias mencionadas (filotiranía masiva y potencia exterminadora), los días de la excentricidad y de la brillantez están sentenciados, y puede verse en el horizonte lo que ya viera Orwell en 1949 y lo que daría lugar, con Nietzsche, a que sólo quede la risa... aunque ya sólo será la de los fantasmas a cuya condición serán finalmente reducidos (es decir, a nuestra actual subespecie de cuestionadores), fantasmas aherrojados entre tapas de libros polvorientos y registros magnéticos que se volatilizan, que nadie se preocupará por preservar siquiera como reliquias porque, al final, perderán todo interés.

En cierto modo, la perspectiva parece volver a apuntar a la utópica República de Sabios, tantas veces soñada... donde las masas aceptarían su condición y los dictámenes racionales de sus gobernantes: hoy se puede comer mucho, mañana poco, etc., lo que no parece factible. Unos Sabios que podrían ser molestados para la atención de los asuntos cotidianos y nimios, es decir, alejados momentáneamente de su mundo reflexivo e inútil... lo que no parece factible. Unos Sabios que se contentarían con ser alimentados y vestidos sin pretender más privilegios u honores que los que les concederían a los dioses individuos primitivos, y no unos ciudadanos seudoracionalistas y sofisticados como los del presente... sin duda, un imposible.

Pero... ¿podría haber aún diversos Edenes para grupos reducidos de Sabios que estuviesen dispuestos a dejar los demás atrás, a abandonar el resto del mundo a su suerte, incluso a manos de Morloks; tal vez a manos del proceso de autodestrucción anunciado... ? ¿Serían realmente Sabios, se podrían reproducir como Sabios desde entonces...? Parece claramente imposible imaginar a la vista de lo que estamos viviendo, un mundo en el que todos los humanos puedan conformar una sociedad única y a la vez desfragmentada... La humanidad sólo puede vivir grupalmente, o sea, fragmentada, separada o en lucha, por lo que la humanización universal soñada por la filosofía mederna (o tan sólo agitada como se agitan las banderas aglutinantes) sólo puede realizarse como opresión y/o exterminio sistemáticos y cíclicos destinados al colapso. Pero, sea o no de un modo transitorio, muchos grupos a lo largo de la Historia supieron construirse o crearse un mundo satisfactorio (aunque fuese a costa de someter y mandar, de legislar y contentar, de aniquilar y ponerse en riesgo de ser aniquilados... en fin, de hacer trampas en nombre de la seguridad y la certeza...)

No podemos aventurar sino lo que puede vislumbrarse, y, suponer a la manera de Orwell aunque sin coincidir con su pronóstico, que vamos hacia un colapso inevitable... Tal vez algunos puedan hallar un Oasis como el mencionado, tal vez todo simplemente se encamine de nuevo hacia el mismo fin... y se siga realizando el "eterno retorno". Eso es lo más sensato... a pesar de lo cual, sin duda por ese pertenencia idiosincrásica al conjunto, asimismo heterogéneo, de los individuos más excéntricos y  más reflexivos, reconozco que me cuesta dejar de acariciar la idea de ese Oasis idílico donde, para resolver todas las reticencias occidentales adquiridas por mí y a las que en auna u otra medida aún soy propenso, imagino que los esclavos necesarios para solaz de nuestra simple y buena manada podrían ser sólo máquinas especializadas, algunas fabricantes hasta de sí mismas... programadas para no pedirnos nada... no molestarnos... permitirnos dar la cara a nuestra propia insatisfacción congénita que se mueve entre resignaciones y alegrías... buscando sin hallar... aferrándose a una u otra creencia...

Hace poco he comenzado a leer Ensayo sobre el don, de Marcel Mauss, donde, nuevamente, encontré un caso antiguo, esta vez incluso primitivo a la vez que más próximo a nosotros en el tiempo, de grupos humanos simples que se sentían en su entorno "muy ricos" y "muy felices", vivir... "una fiesta perpetua" incluso, como apuntara Mauss (op.cit., de donde los términos y las frases entrecomilladas precedentes y que siguientes). Y lo fueron en los casos más crudos, al extremo de poner esa riqueza y esa felicidad en estado constante de "aniquilación" mediante la práctica sistemática de la destrucción que se ha dado en llamar potlatch... "esos fenómenos sociales totales" o "sistemas de prestaciones totales de tipo agonístico" que promovían y conservaban como obligatoria "la batalla", "el asesinato" magnicida y "la destrucción puramente suntuaria de las riquezas acumuladas". O sea, que mantenían una orientación del enriquecimiento para... "la aniquilación", el consumo que llamaríamos gratuito (aunque no lo serían en el marco de lo imaginario, y social, donde se entendían como devoluciones obligadas) de índole "sacrificial",  "contractual" con el poder dador y gratificador del mundo (físico y metafísico en las proporciones en que se dividiera), el mundo con el que bailamos o entablamos un duelo. Ricos, muy ricos, y felices... en fin, bajo unas reglas de vida tan histriónicas, tan artificiales -aunque más inocentes- como las nuestras de hoy en día...

Entenderlo, debería servir para algo, aunque acabe en una ilusión renovada de realización imposible.

Sin embargo, la idea de que los hechos puedan obligarnos a vivir de otra manera, renunciando a la pretensión de unificar a la humanidad o igualarla a nuestra propia imagen y semejanza, podría ser una alternativa de futuro... ¿para después de colapsp?, ¿igualmente temporal hasta que todo volviese a complejizarse...? ¡Algo así ofrece un pequeño giro al sueño de Sócrates!, aunque sin desembarazarse del todo del mismo, cuyo núcleo precisamente define al ser humano.

¡A mí, que lo sueño y lo desprecio por momentos, me produce risa! ¡Sé que se trata de un sueño infantil y tramposo, es decir, de otro juego que conduce al juego que conduce al juego...!